De vuelta la periodista.

Reciban mi bienvenida.
Antes de estudiar derecho, cursé un bachillerato en Artes en la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico, del cual me gradué Magna Cum Laude. Luego ejercí durante veinte años como periodista, la mayor parte de ellos en El Nuevo Día. Por eso, cuando comencé a ejercer como abogada, creí —con cierta ingenuidad— que ya lo había visto todo en mi vida profesional.
Me equivoqué.
El derecho me mostró una dimensión distinta de las personas, de sus conflictos y de la búsqueda de soluciones. Me permitió conocer un Puerto Rico que, hasta entonces, había sido inesperado para mí.
Ingresé a la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico en una etapa madura de mi vida. Estudié en el programa nocturno porque de día trabajaba como periodista a tiempo completo. Llegué convencida de que mis años en el periodismo me habían preparado para comprender casi cualquier historia humana. Sin embargo, recuerdo que una profesora nos recibió en su primera clase con una advertencia que me dejó petrificada: “Bienvenidos al Derecho de Familia, donde conocerán de primera mano hasta dónde puede llegar la miseria humana”.
Con el tiempo comprendí el alcance de sus palabras. Se refería, entre otras realidades, a la deshumanización que surge en muchas luchas por los hijos; a las controversias interminables por cantidades insignificantes durante la división de unos bienes gananciales; y a la mezquindad que, en ocasiones, se manifiesta en los pleitos de pensiones alimentarias.
El periodismo y el derecho son profesiones distintas, pero tienen mucho en común. Ambas nos obligan a acercarnos a las luchas personales de nuestros ciudadanos, a distinguir lo esencial de lo accesorio y a recordar que detrás de cada noticia y de cada expediente existen seres humanos que recibirán los resultados.
Ahora, cuando me acerco a cumplir veinte años como abogada, regreso a mi primera pasión.
Si algo he extrañado de mis años como periodista es sentarme frente a una página en blanco para escribir una columna. Las ideas continúan apareciendo mientras camino por los tribunales, escucho las historias de mis clientes o reflexiono sobre experiencias que me han marcado. Creo que compartirlas podría ser útil a otras personas.
Escribir es una de mis maneras de pensar, de ordenar las ideas y, en ocasiones, de comprender mejor lo que estoy viviendo.
El periodista escribe para contar lo que ocurrió, investigar, denunciar, explicar u opinar sobre lo que sucede. El abogado escribe para persuadir y defender, con el rigor que exige un foro en el cual no basta con afirmar la verdad: es necesario probarla.
Por eso regreso. No al periodismo como profesión a tiempo completo. Continúo ejerciendo como abogada y notaria, profesiones que también amo y en las que espero permanecer durante muchos años. Regreso, sin embargo, al acto de observar, preguntar, analizar y contar. Esta vez, desde el mundo del derecho.
Este blog debió nacer hace mucho tiempo. Lo necesitaba. Así como un pájaro necesita volar y un pez necesita el mar, yo necesitaba volver a escribir sobre la vida cotidiana, sobre mi país y sobre mi gente. Obviamente, ahora desde mi frontera, ahora desde el derecho.
Necesitaba, además, salir por momentos de la camisa de fuerza que imponen las reglas de la escritura jurídica. Confieso que siempre he dejado asomar a la periodista en mis escritos legales, pero no es lo mismo. Un blog personal ofrece otra libertad: la de reflexionar, opinar y contar.
No esperen encontrar aquí únicamente artículos sobre requisitos legales o explicaciones paso a paso para resolver determinados problemas. Para esa información existen excelentes páginas de colegas y recursos muy completos, entre ellos los que ofrece el Poder Judicial de Puerto Rico.
Mi propósito es otro.
Quiero escribir sobre la otra cara de los tribunales y del derecho. Quiero compartir mis opiniones sobre aquello que me impacta y ofrecer recomendaciones nacidas tanto del conocimiento jurídico como de la experiencia.
La abogada, por supuesto, se hará presente con frecuencia. Hablaré, por ejemplo, sobre los errores frecuentes de testigos en los tribunales; sobre los beneficios de las capitulaciones matrimoniales; sobre cuándo puede ser conveniente un fideicomiso o un testamento; sobre cómo prepararse para presentar una denuncia; sobre todos los asuntos y temas que pueden interesar ahora a mis lectores desde este foro virtual.
Traeré el mundo del derecho hasta ustedes, pero lo haré desde mi experiencia y mis opiniones.
Durante mis años en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico hice mía una advertencia que escuché repetidamente de mis profesores: no habíamos llegado allí únicamente para aprender a litigar; sino a formarnos como juristas. Eso significa que, si alguna vez el derecho establecido deja de servir a la justicia y a los seres humanos, debemos cuestionarlo y procurar su transformación. Porque las leyes no existen solamente para los códigos ni para ser jurisprudencia de los tribunales. Cobran vida en los problemas y las esperanzas de la gente.
Hay conocimientos que se adquieren en la universidad; y muchos otros, con los años y con los daños.
De todo eso trata este blog.
Espero que disfruten leerlo tanto como yo disfrutaré escribirlo.
Gracias por acompañarme. Comencemos.
