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El enemigo puede ser usted mismo

El enemigo puede ser usted mismo

Cuando una persona llega a una oficina legal, suele tener claro quién es su adversario: el excónyuge, el vecino, el socio, el patrono, el coheredero, quien incumplió un contrato o quien la acusa de un delito.

Sin embargo, después de años caminando por los tribunales, he visto cómo algunas personas terminan haciéndole más daño a su caso que la parte contraria.

Lo hacen cuando borran mensajes, ocultan información, publican por coraje o negocian por desesperación. A veces creen que están protegiéndose. Otras veces solo quieren desahogarse. Pero sus decisiones pueden debilitar precisamente aquello que quieren defender.

Tener la razón no basta. Un caso también exige prueba, credibilidad, prudencia y preparación. De poco sirve contar con buenos argumentos si sus propias actuaciones los contradicen.

Estas son algunas conductas que pueden perjudicarlo.

1. Borrar mensajes o destruir evidencia.

Cuando surge una controversia que podría terminar en el tribunal, conserve los mensajes de texto, correos electrónicos, fotografías, conversaciones de WhatsApp, videos y publicaciones relacionados con los hechos.

No borre algo porque le incomoda, porque cree que le perjudica o porque considera que ya no hace falta. Eliminarlo puede levantar sospechas y, según las circunstancias, provocar consecuencias procesales serias.

Aquellos que vieron el juicio sobre el asesinato del biólogo en Yauco, ¿vieron cómo la defensa del enfermero aprovechó que los vídeos provistos por la parte perjudicada (la familia del biólogo) hubieran tenido escenas borradas?

Además, usted podría estar descartando información que su abogada necesita para comprender el caso y preparar su respuesta.

La regla es sencilla: conserve la evidencia y consulte cómo debe manejarse. Un mensaje incómodo puede explicarse. Su desaparición puede crear otro problema.

2. Escribirle a la otra parte en un momento de coraje.

Cada mensaje que envía puede terminar presentado como evidencia.

Una expresión escrita por frustración puede utilizarse para cuestionar su credibilidad, sus intenciones o su conducta. Esto resulta especialmente delicado en controversias de familia, custodia, violencia doméstica, conflictos entre vecinos y disputas entre herederos.

Antes de comunicarse sobre el caso, consulte con su representación legal. Si necesita mantener comunicación por asuntos cotidianos, procure que sea breve, respetuosa y limitada a lo necesario, conforme a las instrucciones recibidas y las órdenes aplicables.

El coraje puede durar unos minutos. Una captura de pantalla puede acompañarlo durante todo el pleito.

3. Litigar en Facebook; o en otras redes sociales.

Las redes sociales no son una sala de tribunal.

Publicar su versión, atacar a la otra parte, comentar lo ocurrido en una vista o anunciar que “acabará” con alguien puede darle una satisfacción momentánea. También puede revelar su estrategia, contradecir sus alegaciones o producir evidencia en su contra.

Evite que sus familiares conviertan el conflicto en una campaña pública. El entusiasmo de quienes quieren defenderlo puede terminar complicando su situación.

Y recuerde: borrar una publicación no garantiza que desaparezca. Alguien pudo haberla guardado.

Los casos no se deciden contando los “me gusta”. Se deciden examinando la prueba y aplicando el derecho.

4. Influir en quienes podrían ser testigos.

Buscar apoyo en la familia es natural. El problema surge cuando ese apoyo se convierte en conversaciones repetidas sobre lo que un testigo debe recordar o decir.

Si alguien presenció hechos importantes, informe a su abogada quién es, qué observó y cómo localizarlo. No ensaye con esa persona una versión que le convenga ni trate de completar sus recuerdos.

Hablar una y otra vez sobre los hechos puede confundir lo que el testigo realmente percibió con lo que después escuchó.

Preparar a un testigo exige ayudarlo a declarar con claridad y verdad. Nunca fabricar un relato.

5. Exagerar para hacer el caso “más fuerte”.

Una verdad exagerada puede terminar pareciendo una mentira.

Añadir detalles dramáticos no necesariamente hace más convincente un relato. También existen los documentos, los mensajes, los videos, otros testigos y el contrainterrogatorio.

Una falsedad puede comprometer la confianza en el resto del testimonio, incluso en aquello que sí ocurrió.

Diga lo que sabe. Distinga lo que vio de lo que supone. Si no recuerda, expréselo. Si no conoce la respuesta, no improvise.

La evidencia fortalece un caso. La exageración lo expone.

6. Ocultarle información a su propia abogada.

Su representación legal no puede prepararse para enfrentar lo que desconoce.

No esconda conversaciones, documentos, antecedentes, acuerdos verbales ni actuaciones que puedan perjudicarlo. Tampoco espere a que la otra parte los revele durante una vista.

Es preferible discutir una dificultad en la oficina, con tiempo para evaluarla, que descubrirla frente al tribunal cuando ya se está utilizando en su contra.

Su abogada necesita conocer el caso completo. Contarle solo la parte favorable le impide medir los riesgos y preparar una estrategia adecuada.

7. Entregar únicamente los documentos que le favorecen.

La evidencia no se selecciona como las fotografías de un álbum o galería.

Entregue a su representación legal todos los documentos relacionados con el asunto, incluidos los que le preocupan. Un documento que parece perjudicial puede tener una explicación, aportar contexto o permitir anticipar el argumento contrario.

Seleccionar por su cuenta lo que su abogada puede ver le ofrece una imagen incompleta del caso.

No descarte, esconda ni destruya documentos. Evaluarlos también forma parte del trabajo legal.

8. Buscar la prueba la víspera de la vista.

El día antes de una vista no es el momento para recordar que existe un testigo importante, que falta una certificación o que los mensajes están guardados en otro teléfono.

Preparar un caso requiere tiempo. Hay documentos que deben solicitarse, testigos que deben localizarse o citarse y evidencia que debe anunciarse o intercambiarse dentro de los términos correspondientes.

Una prueba valiosa que llega tarde podría no estar disponible cuando se necesita o enfrentar obstáculos para su presentación.

La preparación comienza mucho antes de entrar a la sala.

9. Ignorar las órdenes y los términos del tribunal.

Las órdenes judiciales no son recomendaciones.

Si debe comparecer, entregar documentos, contestar un requerimiento o cumplir una obligación dentro de un término, atiéndalo de inmediato. El incumplimiento puede provocar sanciones y otras consecuencias adversas. Puede parecerle injusto, pero las órdenes judiciales tiene que respetarlas.

Lea las órdenes que le comunique su representación legal. Si no las entiende, pregunte. Si no puede cumplir, infórmelo con tiempo.

No asuma que alguien más se encargará. En un pleito, dejar pasar una fecha puede cambiar el rumbo del caso.

10. Creer que una demanda desaparece si no la contesta.

Una demanda ignorada no desaparece. El proceso puede continuar sin su participación.

Si recibe un emplazamiento, busque asesoramiento de inmediato. No comparecer dentro del término aplicable puede dar lugar a una anotación de rebeldía y a determinaciones sin que usted haya presentado oportunamente su defensa.

Corregir esas consecuencias puede resultar difícil y costoso.

Recibir una demanda no significa que perdió el caso. Ignorarla puede comprometer seriamente su oportunidad de defenderse.

11. Cambiar la versión para que “suene mejor”.

La credibilidad es uno de los recursos más valiosos que una persona lleva al tribunal.

La memoria no es perfecta. Una imprecisión puede explicarse. Pero cambiar repetidamente aspectos esenciales de los hechos permite que la otra parte cuestione la confiabilidad de todo el relato.

No ajuste su historia según lo que cree que le conviene. Si cometió un error, reconózcalo y explíquelo. Si no recuerda algo, dígalo.

Una versión acomodada puede parecer útil al principio y convertirse en una contradicción durante el contrainterrogatorio.

12. Contactar directamente a la otra parte sin consultar.

Si la otra parte tiene representación legal, consulte con su abogada antes de comunicarse con ella sobre la controversia.

Una llamada aparentemente inocente puede terminar en una discusión, una admisión perjudicial o una alegación de amenaza. También puede interferir con negociaciones que ya están en curso.

No improvise encuentros, llamadas o mensajes para “aclararlo todo” sin evaluar primero sus posibles consecuencias.

Una conversación breve puede abrir un problema largo.

13. Publicar algo que contradiga sus alegaciones.

Lo que publica también puede utilizarse para cuestionar lo que sostiene ante el tribunal.

Las fotografías, los comentarios y las publicaciones sobre viajes, compras, negocios o relaciones personales pueden examinarse junto con sus alegaciones. Aunque las redes muestran solo una parte de la vida, esa parte puede exigir explicaciones.

No toda publicación demuestra lo que aparenta. Pero usted puede terminar dedicando tiempo y esfuerzo a explicar algo que pudo evitar.

Antes de publicar, pregúntese: “¿Cómo se entendería esto si lo presentaran mañana en una sala de tribunal?”.

14. Aceptar acuerdos por desesperación sin consultar.

Querer terminar un pleito es comprensible. Negociar por agotamiento, miedo o prisa puede salir caro.

Mientras su abogada trabaja una propuesta, usted podría aceptar por su cuenta condiciones menos favorables, asumir obligaciones que no comprende o comprometer asuntos que todavía estaban en discusión.

La otra parte puede advertir su urgencia y utilizarla durante la negociación.

Antes de aceptar, consulte qué recibe, a qué renuncia, qué debe cumplir y cómo se documentará lo acordado. Informe cualquier acercamiento o propuesta.

Un buen acuerdo merece consideración. La desesperación merece una pausa.

15. Su conducta también forma parte del caso.

Una abogada puede estudiar el derecho, organizar la prueba y preparar los argumentos. Pero la representación legal necesita la colaboración del cliente.

Conserve los documentos. Entregue la información completa. Cumpla las órdenes. Controle sus impulsos. Consulte antes de publicar, confrontar o negociar.

Usted no tiene que conocer todas las reglas del proceso. Sí tiene que comprender que sus decisiones pueden fortalecer o debilitar su defensa.

La parte contraria buscará las debilidades de su caso. No le haga el trabajo.

Porque, a veces, su peor enemigo en un pleito no está sentado al otro lado de la sala.

Está en lo que borra, en lo que oculta, en lo que publica y en lo que decide sin asesorarse.

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